El otro día mantenía una conversación en la que mi interlocutora me comentaba lo poco que le gustaba todo esto de no saber que pasará, de estar al borde del acantilado cada poco tiempo y que querría ser de las que le gustan las cosas "normales". Mentira. Realmente ese no saber que pasará, que rumbo tomará nuestra vida nos cansa y nos desespera a veces, pero nos mantiene alerta y en movimiento. Ya se lo dije a ella y lo repito aqui: lo único que sé es que no habrá nada fijo en nuestra vida, así que cuanto antes lo asumamos, menos nos agobiamos.
Es cierto, esa constante sensación de que esto acabará explotando por algún lado, que ya no viviremos como nuestros padres y de que puede que todo cambie en menos que dura un suspiro nos desconcierta, pero lo importante es estar ahí cuanto pase; ver a dónde vamos y con (mucho) esfuerzo hasta poder encaminar las cosas un poquito más hacia donde nos gustaría llegar. Al final lo importante no es estar en Ítaca, sino el camino hasta allí.
Para la próxima partida: UNUSUAL


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